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AUTOLIDERAZGO

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Hace unos días asistí a una charla del que fuera integrante profesional del pelotón ciclista en las tres grandes vueltas internacionales: Luis Pasamontes. Explicaba la importancia de los gregarios para que el líder alcance su objetivo de triunfo.

La colaboración con el líder para que éste logre sus máximas cotas de éxito me pareció un concepto interesante y, a la vez, inquietante. 

En un símil con la empresa, cada equipo ciclista es una compañía que compite con el resto de marcas para ser la primera. Pasamontes habla de la necesidad de aceptar y asumir que no todos los integrantes del grupo pueden ser líderes, porque no todo el mundo cuenta con las competencias necesarias para ello. En ese trabajo cooperativo de los gregarios entran en juego elementos tan importantes como el esfuerzo, la disciplina de equipo y la estrategia competitiva. Pero también son necesarios otros atributos personales que no siempre abundan: la humildad, la modestia, el compañerismo y la fidelidad.

Los seres humanos necesitamos que las figuras que son nuestros referentes en la vida en general (y en nuestra profesión en particular) reconozcan nuestra labor. Queremos que nuestro trabajo adquiera sentido y esperamos que los logros tengan un reconocimiento, aunque solo sea mediante unas palabras de agradecimiento.  Algo tan sencillo —para lo que no hay que invertir tiempo ni dinero— como la palabra “gracias” escasea en el vocabulario de la mayoría de jefes de nuestras compañías. Volviendo a la comparación con el ciclismo profesional, no es fácil trabajar duro en la sombra y que el protagonismo siempre recaiga en otro. No se alcanzan los mismos niveles de satisfacción personal cuando, en los logros colectivos, siempre es otro el que sale en la foto del podio.

Pensando sobre esto último, he recordado un libro que me inspiró y que me parece muy recomendable: “El líder que no tenía cargo”, de Robin Sharma. El autor expone que cualquier empleado, independientemente de las funciones que realice, las puede desempeñar con liderazgo. No es necesario tener un cargo directivo para destacar en tu trabajo, para ejecutarlo de manera brillante. Incluso puestos que podrían parecer muy básicos requieren de destrezas específicas que, probablemente, una persona con un cargo mayor no sería capaz de ejecutar. Todos, tanto en el entorno laboral como en cualquier área de nuestra vida, podemos comportarnos como un líder, con iniciativa para desarrollarnos, para mejorar procesos, para buscar recursos, para realizar cambios, para fijarnos nuevas metas una vez conseguidas otras; para trabajar bajo la filosofía del logro y de la mejora continua. Decidimos como alcanzar la excelencia; planificamos una estrategia y la ejecutamos con autonomía, considerándonos jefes de nosotros mismos, responsabilizándonos de nuestras vidas o de nuestro puesto de trabajo, como si nuestro ámbito funcional fuera una pequeña empresa propia. Eso es el autoliderazgo.

Luis Pasamontes entendió que podía destacar y no ser solo un gregario eclipsado por el líder. Decidió ser el rey de las escapadas y, en cada etapa, intentaba dejar atrás al pelotón. Eso le hizo ser conocido y admirado en el mundo del ciclismo. No necesitó ser el jefe ni llegar el primero para alcanzar el reconocimiento social , para conseguir ser fichado por uno de los mejores equipos ciclistas del mundo y, sobre todo, para alcanzar una satisfacción personal por destacar en su trabajo con iniciativa, esfuerzo y creatividad; aprovechando sus cualidades y poniéndolas al servicio de su líder, pero también al servicio de sí mismo.

Director RRHH Halcón Cerámicas

 

 

 

 

Vicent Gascó                                Noviembre 2017

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